Las décadas de 1970 y 1980.

El cine mexicano en tiempos de crisis.

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Las décadas de 1970 y 1980.

El cine mexicano en tiempos de crisis.

1970: La estatización del cine mexicano

México vivió un antes y después a partir de los eventos del 2 de octubre de 1968, donde se agudizó la inconformidad social con el régimen político. Por su parte, el cine mexicano de las siguientes décadas estuvo definido por los períodos presidenciales y las políticas públicas que cada uno de ellos ejecutó.

La década de 1970 inició con el periodo presidencial de Luis Echeverría Álvarez (1970-76), donde se aplicó una serie de reformas que buscaron la asociación entre Estado e iniciativa privada pero fortaleciendo el papel del primero. Esto inició con el proceso de estatización de la radio y televisión, y en el caso del cine, el 21 de enero de 1971 se dio a conocer el Plan de Reestructuración de la Industria Cinematográfica, con un sistema de producción, distribución y exhibición que tuvo como organismo rector al Banco Nacional Cinematográfico (BNC) al frente de Rodolfo Echeverría, hermano del presidente.

Con este nuevo plan se permitió la edificación de la Cineteca Nacional en 1974, el restablecimiento de los Premios Ariel, y un año después, la apertura del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC); además se propició una mejora en la programación de las películas mexicanas al ser estrenadas en salas de primera categoría, combatiendo el “enlatamiento”. Sin embargo, al descongelar el precio de taquilla y elevar su costo, se redujeron los circuitos de exhibición, de segunda y tercera corrida, conocidos como los cines de barrio.

Otro aspecto fundamental de estos años fue la intervención directa del Estado en la producción y coproducción de filmes nacionales como extranjeros, lo que desalentó las inversiones privadas. Posteriormente, después de conflictos con los empresarios privados, -y con el apoyo de nuevos directores y trabajadores para derribar los obstáculos de los sindicatos- durante la entrega de los Premios Ariel de 1975 se anunció la adquisición del BNC y de todas las acciones de los productores, quienes quedaron excluidos por el sistema de créditos oficiales. De esta forma se crea la Corporación Nacional Cinematográfica Trabajadores-Estado Uno y Dos (Conacite I y Conacite II). Comenzó una renovación del cine mexicano a la que se le dio el mote de “Nuevo cine mexicano”.

Nuevo cine mexicano

En la década de 1970 se produjeron 823 películas y tan sólo en los primeros seis años se hicieron 532 películas que despertaron el interés de las clases medias al explorar nuevos géneros y temas donde prevaleció el cine de autor y la simpatía por los movimientos de izquierda, a pesar de que las críticas al régimen político fueron casi nulas.

Los principales exponentes fueron una serie de directores y guionistas que comenzaron a trabajar en producciones experimentales e independientes desde 1969, tales como: Arturo Ripstein, Paul Leduc, Jorge Fons, Felipe Cazals, Rafael Castanedo, Pedro F. Miret, Tomás Pérez Turrent, entre otros. Este grupo generó interés en el público de diversos festivales con sus cortometrajes; y encontró el apoyo económico de sus producciones gracias a la venta de obras artísticas de amigos y conocidos. Ejemplo de esto fue la producción del documental, Salón Independiente (Rafael Castanedo, Felipe Cazals y Arturo Ripstein, 1969), sobre la exposición de los artistas que los financiaron.

El grupo siguió colaborando en diferentes realizaciones, sin embargo sus carreras alcanzaron la madurez de forma individual. Arturo Ripstein, quien debutó en 1965 con Tiempo de morir, continúo durante la década de los años setenta con filmes emblemáticos como El castillo de la pureza (1972) -basada en la novela, La carcajada del gato, de Luis Spota- donde se presenta la obsesión de un hombre por proteger a su familia de los riesgos del exterior, hasta que después de 18 años, sus hijos comienzan a ser un problema para sus planes. Por otro lado, El santo oficio (1973), narra la vida de un sacerdote dominico al descubrir su descendencia judía durante la inquisición española.

Más adelante, Ripstein realizó El lugar sin límites (1979) filme donde un cacique busca comprar y vender el prostíbulo de la Manuela (Roberto Cobo), un trasvesti, y la Japonesita, una joven prostituta. Sin embargo el inoportuno regreso de su ahijado, Pancho (Gonzalo Vega), complica la situación y desata las tensiones entre los personajes. En el mismo año se estrenó Cadena perpetua (1979), largometraje que muestra los intentos fallidos de un ex-delincuente por rehabilitarse hasta retomar su carrera criminal.

Por su parte, Felipe Cazals después de adquirir prestigio en la industria mexicana con la superproducción Emiliano Zapata (1970), produjo varias de sus obras más importantes: El Apando (1975), filme con toques históricos sobre la cárcel de Lecumberri y las protestas surgidas por la situación de los jóvenes encerrados en “el apando”. Canoa (1976), filme basado en hechos reales, y con el que se hace acreedor al Oso de plata en el Festival de Cine de Berlín, narró la problemática de cinco jóvenes al ser confundidos por radicales comunistas en un pueblo con fuertes paranoias religiosas. Ese mismo año, con Las Poquianchis (1976) mostró un grupo delictivo conformado por tres hermanas, quienes mantienen una red de prostitución y corrupción.

Luis Alcoriza presentó durante estos años diversas producciones entre las que destacaron Los albañiles (1976), y Mecánica Nacional (1971); esta última una aproximación al imaginario mexicano a través de una serie de personajes urbanos. Por su parte, Caridad, Esperanza y Fe (1974), son tres cortometrajes que retrataron las virtudes teológicas en la sociedad mexicana con la mirada crítica de los tres directores de esta producción: Luis Alcoriza, Alberto Bojórquez y Jorge Fons.

Cine de ficheras y de corte popular

De forma paralela, durante estos años continuaron las producciones de bajo costo y de corte popular, y -aprovechando un ambiente libre de censura sexual- el llamado “cine de ficheras” comenzó su apogeo. Se realizaron 30 películas de este tipo hasta 1981, entre las que destacaron las producciones de Arturo Martínez, Rubén Galindo y René Cardona, y las dos películas de Miguel Delgado: Bellas de noche (1974) y su secuela Las ficheras (1975).

En esos años también inició Televicine con una gran producción de largometrajes utilizando fallidamente a estrellas de la televisión a pesar de algunos éxitos iniciales como El Chanfle (1978). La empresa incluso llevó a importantes directores consagrados como Arturo Ripstein a dirigir melodramas como La ilegal (1979). La posición dominante de Televicine en la producción fílmica se acentuó a lo largo del periodo con 72 cintas entre 1990 y 1994, para después centrarse en la distribución.

El desmantelamiento del cine

En la segunda mitad de la década de 1970, José López Portillo (1976-1982) ocupó la presidencia inmerso en un panorama nada alentador: una fuerte devaluación de la moneda y una crisis económica. Esto finalmente llevó al desmantelamiento del cine, y la injerencia que el estado poseía sobre el cine prácticamente llegó prácticamente a desaparecer.

En este sexenio también se creó la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), que bajo las órdenes de la hermana del presidente, (Margarita López Portillo), concentró el poder y dictó las pautas en cine, radio y televisión. De forma paralela el BNC fue coordinado desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en tanto la Secretaría de Programación y Presupuesto llevaría el control presupuestal.

Para Margarita López Portillo el cine debía ser familiar y popular, imitando lo más posible la Época de oro, por este motivo, y argumentando las enormes pérdidas que se arrastraban, realizó reformas radicales como la desaparición de Conacite Uno, la cual fue absorbida por Conacine y en noviembre de 1977 anunció la liquidación del Banco Nacional Cinematográfico.

Mientras tanto, las “películas de ficheras” continuaron como grandes taquillazos y los escasos realizadores fueron opacados por la importación de cineastas y actores extranjeros con el fallido objetivo de dar una imagen internacional al cine mexicano. Así fue como se tuvieron producciones como Campanas Rojas (1981), y Antonieta (1982), del español Carlos Saura.

El fatídico sexenio llegó a su fin con un incendio en Cineteca Nacional que arrasó con alrededor de seis mil películas, además de diversos documentos, guiones, fotografías y la vida de alrededor de 36 personas.

1980: El cine durante la crisis

La devaluación y la grave crisis financiera continuaron en el nuevo sexenio de Miguel de la Madrid (1982-88) donde se implementó el sistema neoliberal. Por su parte, la industria cinematográfica estuvo marcada en esta década por los grandes cambios que sufrió la exhibición con la entrada del videocasete, además de otras formas de consumo como los sistemas de cable. El nuevo aparato fue un éxito, de tal modo que en pocos años la mayoría de los hogares de las poblaciones urbanas contaron con una videocasetera y membresía en diversos videoclubes.
Del lado de la producción, ésta tuvo dos caras: por un lado los videoastas y realizadores de las primeras videocintas experimentales se vieron favorecidos, así como las producciones baratas, los llamados videohomes vieron la oportunidad de proliferar de la mano de los videoclubes.

Aunado a esto, el alza de los precios de la taquilla terminó de expulsar al público popular, y el terremoto en septiembre de 1985 dejó destruidas numerosas salas de cine de la Ciudad de México, especialmente aquellas de gran tamaño ubicadas en barrios populares.

En respuesta al nuevo panorama, las políticas de De la Madrid buscaron revivir el moribundo cine nacional invitando a la iniciativa privada a reincorporarse a la actividad productiva y organizando consultas y foros entre las distintas partes del medio cinematográfico para confeccionar el Plan de Renovación Cinematográfica, que fue dado a conocer el 13 de octubre de 1986 en los Estudios Churubusco. Sin embargo, su ejecución fue prácticamente nula.

Entre los cineastas que destacaron en estos años se encuentra el documentalista Nicolás Echevarría, que abordó temas antropológicos en obras como María Sabina, mujer espíritu (1979), Niño Fidencio, el taumaturgo de Espinazo (1981), y en su primera obra de ficción, Cabeza de Vaca (1990) narra el viaje de lvar Núñez Cabeza de Vaca en América.

A finales de la década de 1980, Jorge Fons filmó Rojo amanecer (1989) donde retrató los hechos ocurridos el 2 de octubre en la Ciudad de México, a través de una familia que se ve atrapada en una serie de represiones políticas. Años más tarde, regresaría con una importante adaptación de la novela del egipcio Neguib Mahfouz en El callejón de los milagros (1994).

El ya mencionado Paul Leduc mantuvo su posición de cineasta independiente con Frida, naturaleza viva (1983), donde en el lecho de muerte de Frida Kahlo, la pintora recuerda su trayectoria, las personas y experiencias más significativas en su vida.

Por su parte, el cineasta Jaime Humberto Hermosillo propició en la primera mitad de la década de 1980 la fundación del Centro de Investigaciones y de Estudios Cinematográficos (CIEC) y en 1986 la Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara, hoy conocida como el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), importante plataforma para el cine nacional e iberoamericano.

La última década del siglo XX llegó con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), quien gestó principalmente la creación -el 7 de diciembre de 1988-, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), órgano desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública. Para febrero de 1989, el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), coordinado hasta entonces por la secretaría de Gobernación a través de RTC, pasó a formar parte del sector de educación, y de este modo, del CNCA.

Así, México se acercó al fin de siglo después de un periodo de grandes cambios en términos políticos y económicos que afectaron fuertemente a la industria cinematográfica. En este panorama directores como Arturo Ripstein, Paul Leduc o Felipe Cazals, así como egresados del CUEC y CCC, mantuvieron al cine mexicano en constante evolución y reconocimiento internacional con películas que abrieron paso y sentaron un antecedente a nuevos creadores en la última década del siglo XX y principios del nuevo siglo.

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