La diversidad sexual en el cine iberoamericano

La diversidad sexual en el cine iberoamericano

La diversidad sexual en el cine iberoamericano

La diversidad sexual en el cine iberoamericano

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Desde el siglo pasado el cine de temática LGBT ha sido parte de la cinematografía de Iberoamérica. La manera en la que estas producciones se insertan en la realidad social abordando la diversidad sexual como un eje narrativo, da cuenta de múltiples sentidos y contrastes en un panorama en el que, por un lado, la homofobia y la discriminación aún se presentan en la vida de muchas personas; por otro, los avances legislativos y los logros educativos promueven el respeto y una cultura sexual informada. En este escenario, el papel del cine ha sido el de un medio artístico que discute, denuncia y propone puntos de inflexión determinantes en el proceso hacia un contexto tolerante e incluyente.

Así, a través de los años algunos títulos iberoamericanos han destacado por su discurso contestatario, activista e innovador. De modo que cada vez más cineastas buscan cuestionar los estereotipos de personajes LGBT mediante propuestas fílmicas que presentan una carga política a través de la identidad sexual.

Como ejemplo de lo anterior, desde 1987. en el marco del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale), se llevó a cabo la primer entrega de los Premios Teddy, un galardón que reconoce a las producciones interesadas en el tratamiento de temáticas LGBT. Desde esta primera edición el cine proveniente de Iberoamérica ha destacado de manera importante otorgando el reconocimiento al realizador español Pedro Almodóvar por su película La ley del deseo (1987), donde cuenta la historia de un cineasta homosexual que se encuentra inmerso en un dilema sentimental. Aún en las recientes ediciones las películas de nacionalidad española, portuguesa y latinoamericana se mantienen en el foco de atención, cosechando distinciones. Ejemplo de ello es el triunfo obtenido por el filme mexicano Rabioso sol, rabioso cielo (2009), dirigido por Julián Hernández, de la que hablaremos más adelante.

Pese a que en muchos lugares del mundo la situación respecto a las expresiones de diversidad sexual han sido limitadas por márgenes de censura y discriminación, en los últimos años el progreso de este cine se ha visto reflejado en hechos como la creación del Festival de Cine Gay y Lésbico de Lisboa, un evento celebrado en Portugal desde 1997 y que, desde el primer año, convocó la participación internacional contando con películas provenientes de México, Brasil, España, entre otros países. También en 1996 se creó en la Ciudad de México el Festival MIX y cuatro años después, en 2000 durante el Festival de Cine de San Sebastián, surgió el Premio Sebastiane. Del mismo modo, desde 2001 en Colombia, surgió el Ciclo Rosa, organizado por la Cinemateca Distrital de Bogotá. Una década más tarde la cinematografía LGBT alcanzó un logro más cuando se otorgó la primera Queer Palm, en Cannes.

Primeras aproximaciones

Un repaso cronológico del cine LGBT ubica a la película alemana Anders als die Andern (1919), del director austriaco Richard Oswald, como la primera historia en el cine que presentó un personaje homosexual. Sin embargo, en el caso iberoamericano las primeras aproximaciones se remontan al largometraje mexicano La casa del ogro (1939), dirigida por Fernando de Fuentes, que incluye a Don Pedrito en su historia, un personaje tildado de chismoso, haciendo referencia a este únicamente como un sujeto cómico.

Ya en la segunda mitad del siglo pasado ocurrió una situación distinta con la historia de La Manuela, un trasvesti de edad madura y personaje principal de El lugar sin límites (1978), dirigida por el mexicano Arturo Ripstein y basada en la novela escrita por el chileno José Donoso. El largometraje presenta parte de la vida de este singular protagonista que vive en el poblado de El Olivo y emplea su casa también como burdel; sin embargo, su hogar se encuentra en riesgo debido a que Don Alejo, cacique del pueblo, tiene firmes intenciones de comprar todas las propiedades para así volver a venderlas. Esta producción es recordada por ser la primera en presentar la escena de un beso entre dos hombres en las pantallas mexicanas, además de dar cuenta de la importancia que poco a poco cobró el planteamiento de relatos con temática LGBT en el mundo, ya que fue condecorada con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de San Sebastián. Sin embargo, en el caso de esta competición española, fue hasta el año 2000 cuando se presta completa atención a estas historias con el surgimiento del Premio Sebastiane.

Un año después se estrenó en España Un hombre llamado Flor de Otoño (1978) del cineasta español Pedro Olea. En la película, Luis de Serracant, un joven abogado proveniente del seno de una familia de la burguesía catalana, mantiene una doble identidad, pues por el día dedica su tiempo a las labores de la ley, pero de noche se transforma en un cantante travesti conocido como Flor de Otoño. A lo largo del filme, se tejen diversas situaciones que permiten presentar la imagen de un personaje envuelto en una resignificación constante de su identidad, pues los acontecimientos sucedidos mientras funge como jurista, influyen en su jornada nocturna y visceversa. Esta obra de Olea fue reconocida en San Sebastián, donde el intérprete José Sacristán fue condecorado con el premio de Mejor actor.

En la década de los ochenta el director y guionista Jaime Humberto Hermosillo estrenó el filme mexicano Doña Herlinda y su hijo (1985), en el que narra la vida de Rodolfo, un neurocirujano y su novio Ramón, un joven estudiante de música. Ambos lidian con la insistencia de la madre del médico para que este se case y tenga hijos. Finalmente Rodolfo se compromete, pero logra mantener su relación con Ramón.

También, en 1985 la filmografía brasileña en una coproducción con Estados Unidos, estrenó El beso de la mujer araña, dirigida por Héctor Babenco, en donde cuenta la historia de Luis Molina y Valentín Arregui, dos presos que llegaron a prisión por circunstancias distintas; el primero tras ser acusado de ser homosexual y acosar a un menor y el segundo por su actitud revolucionaria. Con el tiempo, ambos personajes toman confianza y comparten entre sí parte de sus vivencias, por lo que su personalidad da un giro completo. William Hurt, actor protagónico del filme recibió el galardón como Mejor actor en los Premios Oscar y el Festival de Cannes.

A principios de la década de los años 90 algunas teorías, especialmente aquellas propuestas por estudiosos norteamericanos como Judith Butler respecto a la identidad de género, enmarcaron el uso del término queer e influyeron en el desarrollo de nuevas vertientes de expresión, tal como sucedió con el cine, sumando un nuevo género: las películas queer. Estos títulos comenzaron a fundamentar un relato que cuestionó los límites de la dicotomía entre lo heterosexual y lo homosexual, abriendo un abanico de posibilidades respecto a la identidad sexual. En 1993 el mundo conoció un ejemplo fílmico de esta temática que generó gran eco en distintas latitudes, se trató del largometraje cubano Fresa y chocolate (1993), dirigido por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. Aquí se narra la relación de dos jóvenes: un ferviente comunista y estudiante universitario, y el otro un artista homosexual que enfrenta el acoso del régimen. A lo largo del relato, ambos personajes encuentran la manera de preservar su convivencia pese a las diferencias ideológicas que los distancia. Con numerosas menciones, este filme cubano obtuvo el reconocimiento internacional en sedes como Berlinale, el Festival de Cine de Sundance, los Premios Goya, otorgados por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, así como una nominación en los Premios Óscar durante su edición en 1994.

 

La película mexicana El callejón de los milagros (1994), dirigida por Jorge Fons, relata un cruce de historias entre las que destacan aquella protagonizada por Don Rutilio, un hombre maduro que expresa su pensamiento machista y a pesar de no atreverse a asumir su homosexualidad, encuentra un amante. La película también incluye a Chava, hijo de Don Ru, que descubre el secreto de su padre mientras lidia con los dilemas sentimentales que le aquejan desde que parte a Estados Unidos aún estando enamorado de Alma, una joven que se convierte en prostituta. La óptica que muestra este filme no solo incluye el tema de la homosexualidad, sino que también sitúa a los personajes más allá de su orientación sexual, de manera que renuncia a los estereotipos al deconstruir la  imagen de un hombre machista y discriminador como Rutilio. Este título obtuvo una mención honorífica en el Festival Internacional de Cine de Berlín y fue seleccionada como la Mejor película de habla hispana en los Premios Goya.

 

En una búsqueda constante por modificar la manera de presentar la identidad homosexual en el cine, las producciones LGBT adhirieron a su discurso nuevos espacios y roles transgresores a los personajes. Una evidencia de ello se encuentra en La virgen de los sicarios (2000), una ficción colombiana bajo la dirección del realizador iraní Barbet Schroeder. En la película, Fernando es un escritor colombiano que tras años de ausencia regresa a su natal Medellín, a lo que encuentra una ciudad plagada de crímenes y violencia. En medio de ese caos conoce a Alexis, un adolescente que forma parte de una de las bandas que combaten entre sí, pero al poco tiempo de entablar una relación, el joven es asesinado. Poco después, Fernando se relaciona con un joven de nombre Wilmar y descubrirá que estuvo detrás del asesinato de Alexis. Los méritos de esta historia se sostienen en premios como La medalla de oro del Festival Internacional de Cine de Venecia y en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, donde recibió el galardón como el mejor trabajo de un director no latinoamericano con un tema latinoamericano.


Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor(2003), ópera prima del director mexicano Julián Hernández, fue seleccionada para participar en Berlinale 2003 y además ganó el Premio Teddy en esa edición; con ello motivó la apertura de nuevas oportunidades para que más obras de esta índole fueran apoyadas. En la película, Gerardo es un joven homosexual que vaga por la Ciudad de México tras haber abandonado su casa, con los días busca refugio en encuentros sexuales y contacto con hombres desconocidos, hasta que se enamora de Bruno, un joven que no vuelve a su encuentro y solo le deja una carta. Así, Gerardo busca descifrar aquello que su fugaz amante dejó por escrito. Es preciso acotar que en ejemplos como este, el cine LGBT logra proyectar una visión aún más reflexiva y profunda desde una narrativa poética sobre la marginalidad homosexual.

Al año siguiente en España se estrenó Cachorro (2004), bajo la dirección de Miguel Albaladejo, un largometraje que se pronunció abiertamente sobre los casos de paternidad homosexual que desde entonces ya eran tema de discusión en el mundo. De modo que, en contraste con algunos filmes anteriores, este ya no solamente colocaba al personaje homosexual en un lugar marginal, ahora se ubicaba en el seno familiar.
La historia es la de Pedro, un dentista homosexual que a petición de su hermana se hace cargo de su sobrino de nueve años, Bernardo. Desde entonces la vida del odontólogo cambia pues comienza a forjar una actitud paternal a la que no estaba habituado. Sin embargo, al enterarse de que la madre del niño tardaría más tiempo de lo previsto, la abuela paterna de este interfiere e intenta alejarlo de Pedro, argumentando que no es correcto que un homosexual eduque a un niño. La producción obtuvo el Premio principal del Jurado, en el marco del Festival de Cine Queer Mezipatra, en República Checa, así como una nominación por Mejor actor en los Premios Goya y el reconocimiento como Mejor película europea en el Festival Internacional de Cine de Montreal.

En 2008, con una nominación como Mejor Película en el Festival de Cine de Mar del Plata, Vil romance, de la dirección de José Celestino Campusano, se sumó a las producciones LGBT del cine argentino. En su momento, esta producción atrajo críticas variadas y en ocasiones opuestas entre sí, debido a la crudeza que reflejaban sus escenas. La ficción retrata la relación entre Roberto y Raúl, el primero es un muchacho que cuenta con la peculiar compañía de su madre y hermana, quienes muestran una actitud promiscua como parte de su vida cotidiana, por su parte, Raúl es un hombre mayor que aparenta ser homosexual. A pesar de las diferencias en sus personalidades, ambos personajes establecen un vínculo emocional que a lo largo del filme se ve afectado por la presión social hasta el punto de volverse destructiva.

Casi al finalizar la primera década del siglo XXI, de nueva cuenta el cineasta mexicano Julián Hernández, ganador del Premio Teddy en la edición 2003, repitió ese éxito en 2009, al presentar  Rabioso sol, rabioso cielo, una historia de amor entre tres personajes : Kieri, Tari y Ryo. En palabras del director, el largometraje construye al amor como una epopeya ancestral y una lucha entre la pérdida y la muerte. Así, cuatro años después de Mil nubes de paz cercan el cielo (2003), el mundo conoció esta película de poco más de tres horas de duración, finalizada con el apoyo del  Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (FOPROCINE), y la colaboración de sus productores Roberto Fiesco y Daniel Alonso.

En 2010, festivales de cine como Sundance, los Premios Goya y los Premios Macondo, otorgados por la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas, reconocieron una producción LGBT que forma parte de la cinematografía peruana: Contracorriente (2009), de Javier Fuentes-León. Con una diégesis que cuenta la manera en la que un pescador de nombre Miguel, mantiene una doble identidad que sirve tanto a su trabajo y familia, como a Santiago, su amante en secreto y quien tras una discusión muere ahogado en el mar. Los pobladores descubren el cuerpo y siguiendo las tradiciones del pueblo, la madre y hermana del difunto deciden arrojarlo al mar. Ese es el último momento en el que Miguel, sin ninguna alternativa, concilia el amor que siente por Santiago y se despide de él para siempre.

En 2012, el venezolano Miguel Ferrari presentó Azul y no tan rosa, con un argumento que aborda el tema de la violencia homofóbica y la aceptación familiar ante la orientación sexual de Diego, un fotógrafo que vive la repentina pérdida de su pareja, quien muere a manos de un grupo de intolerantes. En 2013, la ficción obtuvo el galardón como Mejor película Hispanoamericana en los Premios Goya; así mismo, formó parte de la selección oficial de óperas primas, en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Dólares de arena (2014), es una película dominicana dirigida por Israel Cárdenas y Amelia Guzmán, la cinta recibió distintos reconocimientos tal como el Festival Internacional de Cine del Cairo, en donde obtuvo el Premio de la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica  FIPRESCI, también Geraldine Chaplin, coprotagonista de la historia, obtuvo el reconocimiento como Mejor actriz, en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, así como en el Festival de Cine de Chicago, así mismo fue nominada para el Premio Iberoamericano de cine Fénix en dicha categoría. En el largometraje, Noelí busca junto a su novio, una oportunidad para obtener dinero de los turistas que vacacionan en la playa. Un día la joven dominicana conoce a Anne, una mujer francesa que se encuentra en las playas de las Terrenas para pasar sus últimos días. Noelí decide acompañar a Anne para acercarse más a ella, sin embargo, la historia de un vuelco cuando ambas mujeres tejen una relación íntima.

Desde allá (2015), del venezolano Lorenzo Vigas, ofreció una narración situada en Caracas donde vive Armando (Alfredo Castro), un hombre de cincuenta años que es propietario de un laboratorio de prótesis dentales. Además de dedicarse a su trabajo, Armando tiene una peculiar afición por observar a los jóvenes a quienes ofrece dinero para que acepten acompañarlo. Con el tiempo encuentra a Elder, un joven delincuente con el que sin importar el contraste entre sus personalidades, desarrolla una relación íntima. Esta producción se adjudicó títulos como la Mejor película en el Festival Internacional de Cine de Venecia, Mejor película iberoamericana en el Festival Internacional de Cine de Panamá, Mejor ópera prima, en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, entre otros, así como el título de Mejor Actor para Luis Silva en el Festival de Biarritz América Latina.

Otro relato queer que ha destacado en los últimos años es O Ornitólogo (2016), una coproducción entre Portugal, Francia y Brasil, dirigida por João Pedro Rodrigues. En la película Fernando es un ornitólogo que se adentra en la región de Tras-os-Montes, para observar de cerca a las cigüeñas negras en peligro de extinción. Tras un accidente en kayak, es rescatado por un par de viajeras chinas que le advierten que el espíritu del bosque les acompaña. A partir de ese encuentro, comienza un proceso de revelación para el ornitólogo y antes de encontrar el camino a la villa más cercana, se encuentra con Jesús, un sordomudo con quien mantiene relaciones. En comentarios autorales del director portugués, explica que el largometraje es una versión libre de la historia de San Antonio de Lisboa. La película fue premiada en el Festival Internacional de Cine de Locarno, también en el Festival Internacional de Cine de Estambul, y en el RiverRun International Film Festival.

En 2017, los reflectores de la comunidad cinematográfica internacional se postraron sobre una producción chilena que obtuvo el reconocimiento como Mejor película en distintas sedes. Una mujer fantástica (2017), de Sebastián Lelio, presentó un ficción en la que una mujer llamada Marina sostiene una relación con Orlando, un hombre mayor que ella. Una noche el se queja de un malestar, sufre un accidente y muere en el hospital. A partir de ese momento, Marina enfrenta los señalamientos que la condenan como sospechosa de la muerte de su pareja, además de los ataques que sufre por su condición de mujer transgénero. Entre los numerosos reconocimientos que cosechó esta historia se encuentra el de Mejor película de habla no inglesa, en los Premios Óscar, el galardón por Mejor guion, en Berlinale, además del Premio Teddy como Mejor Largometraje; Mejor película hispanoamericana en los Premios Goya, mientras que en el Festival de La Habana obtuvo el Premio Especial del Jurado y la actriz protagonista Daniela Vega, el título de Mejor actriz. Sin duda un logro fílmico que consigue establecer un discurso sobre el amor y la muerte que hace un guiño a diversos géneros cinematográficos como el musical y el cine de género, con una identidad que, según su director, se niega a ser etiquetada.

Vivimos una época en la que el cine LGBT es en sí mismo un proceso de transformación discursiva y un análisis de la identidad sexual. Aunque actualmente estas producciones aún dependen en buena medida de los canales de distribución independientes, cada vez más personas, no solo de la comunidad homosexual, se interesan en el género. Así, este cine se encarga de acoger la diversidad que representa a las expresiones no heterosexuales, y ante todo, reclama su lugar como parte importante de la cinematografía iberoamericana.

 

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