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El cine en Ecuador

Las generaciones de finales del siglo XX en Ecuador

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Las generaciones de finales del siglo XX en Ecuador

Créditos

http://www.llacta.org/notic/010507a.htm http://pantallacaci.com/ibermedia-digital/contexto-historico/historia-del-cine-ecuatoriano/ http://www.razonypalabra.org.mx/N/N74/VARIA74/40GonzalezV74.pdf https://xfestivalindigena.wordpress.com/about/ http://www.gescultura.com/upload/files/Gestion-cinematografica-en-Ecuador–1977-2006_Paola-de-la-Vega_2016.pdf

Los inicios

Los inicios del cine en el país se remontan a 1901 con la primera exhibición en la ciudad de Guayaquil.

Para 1920 se dio una “pequeña edad de oro” del cine ecuatoriano según la investigadora Wilma Granda, en la que se realizaron cerca de cincuenta películas documentales y de ficción. Entre las cintas argumentales destacan las realizadas por Augusto San Miguel: El tesoro de Atahualpa (1924), Se necesita una guagua (1924) y Un abismo y dos almas (1925).

En 1927 el sacerdote salesiano Carlos Crespi, italiano residente en Cuenca, dirigió Los invencibles Shuaras del Alto Amazonas, calificado como el “primer documental etnográfico”.

En 1930 y 1940 aparecieron cintas pertenecientes al género melodramático y musical, (géneros ya exitosos en otras partes de Latinoamérica) como Guayaquil de mis amores (1930), dirigida por Francisco Diumenjo y La divina canción (1931) de Alberto Santana.
En 1949, Santana al mando de Ecuador Sono Film, produce la primera película sonora rodada en el país: Se conocieron en Guayaquil, filme que cuenta la historia de un ecuatoriano que combate en la segunda guerra mundial.

Generación del 80

En la década de 1970 llegó el boom petrolero al país y con ello crecieron las ciudades, así como su clase media. En este contexto, se desarrolló un cine orientado a temas antropológicos y sociológicos, además de que se fundaron importantes instituciones culturales.

El sociólogo y fundador del Consejo Nacional de Cinematografía del Ecuador, Jorge Luis Serrano, fue el encargado de dar la etiqueta “generación del 80” a cineastas en su mayoría no formados en escuelas de cine, que se hicieron en la práctica, impulsados por el cineclubismo e influenciados por el contexto político de Latinoamérica, particularmente por la Revolución Cubana. Gracias a ellos la producción cinematográfica creció, dejando atrás la escasez de décadas anteriores.

De acuerdo con la investigadora Paola de la Vega Velastegui, “La necesidad de producir una ‘visualidad propia’, fue uno de los debates constantes y álgidos en estas décadas; Ecuador, en lugar de producir sentidos localizados, se habría convertido en un receptor y reproductor de imágenes”. Por esta razón, esta generación buscó el cine como un conductor de identidad y sentido.

A esta generación pertenecen: Gustavo e Igor Guayasamín, Edgar Cevallos, Freddy Elhers, Rodrigo Granizo, José Corral, Jaime Cuesta, Ramiro Bustamante, José Corral Tagle, Teodoro Gómez de la Torre, entre otros.

El género que mayor desarrollo tuvo en las décadas de 1970 y 1980 fue el documental, que tras haber sido un instrumento propagandístico del gobierno, fue encontrando su propia voz, dando origen al boom del cine documental indigenista en el país, en el que abiertamente se realizó una denuncia sobre las condiciones de los indígenas. Destacan La minga de Ramiro Bustamante (1975) y Entre el sol y la serpiente de José Corral Tagle (1977).

Para 1986 se conformó la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador conocida como CONAIE, la organización indígena más grande de Ecuador. Esto significó una mayor participación en la política nacional y con ello el papel del indígena pasó de ser el objeto de observación a hacer uso del cine en búsqueda de la autorepresentación. De esta forma surge el video indígena en el país donde se da testimonio de primera mano de las costumbres y necesidades. Cineastas como Alberto Muenala gestan este grupo a partir de la realización de documentales por encargo de la CONAIE.

La coproducción fue un factor determinante ya que desde finales de los años ochenta se dio lugar a espacios de profesionalización y una red internacional que permitió realizar estrategias colectivas de autogestión. Un ejemplo es la película Fuera de aquí de Jorge Sanjiné, que  se coproduce en 1977 en Ecuador, entre la Universidad Central y el grupo Ukamau.

También la ficción estuvo ligada a la identidad nacional con películas como Meditaciones para los que no meditan de Freddy Elhers (1970), El cielo para la Cunshi, Caraju de Gustavo Guayasamín (1975) y La Libertadora del Libertador de Carlos Rojas y Teodoro Gómez de la Torre (1978). Además en 1980 se estrenó Dos para el camino de Jaime Cuesta y Alfonso Naranjo, una “road movie” sobre dos vividores que se dan a la fuga luego de un robo inocente.

Un importante movimiento de la generación fue la creación de la Asociación de Cineastas del Ecuador (ASOCINE) en 1977, que tuvo como finalidad reunir y asociar a realizadores, técnicos y actores e incentivar el desarrollo de la cinematografía nacional, así como demandar al Estado condiciones dignas para la creación.

Por su parte, la Cinemateca Nacional se fundó en 1982 con el objetivo de preservar y difundir el patrimonio cinematográfico ecuatoriano. Otras instituciones como la Unión  Nacional de Periodistas (UNP), la Casa de la Cultura Ecuatoriana y el Banco Central del Ecuador financiaron y produjeron muchos de los filmes de esta época.

Los años noventa

En contraposición con la generación de los ochenta, la nueva década presentó en Ecuador una generación de cineastas con formación académica alejados de los ideales nacionalistas y con un lenguaje audiovisual desarrollado.

Algunos de los egresados de la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños en Cuba son Carlos Naranjo, Tania Hermida, Diego Falconí y Fernando Mieles.
Además de egresados de Europa y Estados Unidos como Sebastián Cordero, Miguel Alvear, Juan Martín Cueva, Yanara Guayasamín, León Felipe Troya y los hermanos Wilson y Sandino Burbano.

La Tigra (1990) de Camilo Luzuriaga fue la producción que inauguró los noventa, siendo un éxito en taquilla. Con aproximadamente 250 mil espectadores, llegando a superar a las producciones de Hollywood que ocupaban la cartelera en ese momento.  La Tigra presentaba la historia de Francisca Miranda, una mujer con carácter indomable que debe cuidar a sus hermanas y sus tierras.

Luzuriaga también estrenó en 1996 Entre Marx y una mujer desnuda, película que transcurre en Quito durante la década de los sesenta, presentando la vida de un intelectual que lucha entre la marginación del Partido Comunista y la convivencia entre su novia y compañera de partido.

En 1991 se estrenó Sensaciones dirigida por los hermanos Juan Esteban y Viviana Cordero, película sobre un grupo de músicos que se retiran a una hacienda en Los Andes ecuatorianos con el fin de producir su primer disco. La música original de la película fue compuesta por el mismo Juan Esteban Cordero.

La producción más exitosa del país llegó a finales del siglo con Ratas, ratones y rateros (1999), dirigida por Sebastián Cordero, que tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine de Venecia. La película narra la historia de Salvador, un joven ladrón que se ve envuelto en una espiral de violencia cada vez mayor gracias a su primo Ángel, un ex convicto.

Ratas, ratones y rateros estuvo en cartelera durante seis meses y fue vista por alrededor de 180 mil personas en su país.

También en 1999 se estrena la coproducción Ecuador-España, Sueños en la mitad del mundo de Carlos Naranjo, película que presenta la historia de tres mujeres, relatos donde lo onírico se entremezcla con sus vidas.

No te pierdas nuestro siguiente texto donde hablaremos sobre las nuevas producciones ecuatorianas.